lunes, 26 de septiembre de 2011

Alicia a través del espejo

Alicia desenredó cuidadosamente el cepillo e hizo lo que pudo por arreglarle un poco del pelo.-¡vaya, ya tiene mucho mejor aspecto!- le dijo después de haberle cambiado de sitio la mayor parte de los alfileres-.¡ lo que a usted le está haciendo falta de verdad es una doncella!
-Estoy segura de que te contrataría a ti con mucho gusto- dijo la Reina-. a dos peniques la semana y mermelada un día si y otro no.
Alicia no pudo evitar la risa al oír esto, y le contestó:- No quisiera verme empleada ... y no me gusta tanto la mermelada.
-¡Ah! pues es una mermelada excelente.- insistió la Reina.
-Bueno, en todo caso, lo que es hoy no me apetece nada.
-De todas maneras justo hoy no podrías tenerla ni aunque te apeteciera- dijo la Reina-. La regla es: mermelada mañana y ayer... pero nunca hoy.
-Alguna vez tendrá que tocar "mermelada hoy"- objetó Alicia.
-No, no puede ser- refutó la Reina-. Tiene que ser mermelada un día si y otro no: y hoy nunca puede ser otro día, ¿no es cierto?
-No, no comprendo nada- dijo Alicia-. ¡Que lío me he hecho con todo eso!
-Eso es lo que siempre pasa cuando se vive marcha atrás- le explicó la Reina amablemente-: al principio se marea siempre una un poco...
-¡Viviendo marcha atrás! -repitió Alicia con gran asombro-. ¡Nunca he oído algo semejante!
-...Pero tiene una gran ventaja y es que así la memoria funciona en ambos sentidos.
-Estoy segura de que la mía no funciona más que en uno -observó Alicia-. No puedo acordarme de nada que no haya sucedido antes.
-Mala memoria, la que sólo funciona hacia atrás- censuró la Reina.

lunes, 24 de enero de 2011

Volvió a apoyar su frente contra el vidrio y contempló la hierba con mezcla de ansia y asco. Hasta esta mañana, a Dios gracias, los colores lo habían dejado en paz; había sepultado los recuerdos de aquel tiempo en que vagaba por las calles de París, alucinado, lleno de orgullo ante su destino y repitiendo cien veces al día: soy un pintor. Pero Ramón había dado el dinero y Gómez había bebido Chili White Wine y hablaba de Picasso por primera vez en tres años. Ramón había dicho: "Después de Picasso, no sé lo que puede hacer un pintor". Gómez había sonreído y replicado: "Yo sí lo sé". En su corazón, se reanimó una llama seca. A la salida del restaurante, tuvo la impresión de que había sido operado de cataratas. Todos los colores se encendieron al mismo tiempo, insinuantes y halagadores. Como en el 29, era el baile de la Redoute, el carnaval, la fantasía; las personas y las cosas se habían congestionado; el violeta de un vestido se hacía púrpura, la puerta roja de un drugstore se transformaba en carmesí y los colores latían con fuerza en los objetos como pulsos alocados. Eran impulsos y vibraciones que se hinchaban hasta la explosión; las cosas iban a romperse o caer de aplopejía. Todo gritaba y juraba a la vez; era la feria. Gómez se encogió de hombros; le devolvían los colores cuando había dejado ed creer en su destino. "Se muy bien lo que hay que hacer, pero será otro quien lo haga". Había tomado el brazo de Ritchie y apresurado el paso con la mirada fija, pero los colores lo asaltaban por los flancos y estallaban en sus ojos como ampollas de sangre y hiel. Ritchie lo había metido en el museo y ahora había allí aquel verde del otro lado del vidrio, un verde natural no terminado, ambiguo, una secreción orgánica parecida a la miel, a la leche cruda. Era preciso captar un verde así, atraerlo, conducirlo a la incandescencia... ¿Qué puedo hacer, si ya no pinto más? Gómez suspiró: no se paga a un crítico de arte para que se ocupe de la estúpida hierba; ha de pensar sobre lo que piensan los demás. Detrás, los colores de los demás se extendían sobre las telas; extractos, esencias, pensamientos. Estos colores habían tenido la suerte de triunfar; habían sido hinchados y llevados al límite extremo de sí mismos; habían cumplido su destino y ya no quedaba más que conservarlos en un museo. Los colores de los demás; en adelante, tal será tu suerte.
-Vamos- dijo-, necesito ganarme esos cien dólares.
Se volvió. Cincuenta telas de Mondrian en los muros blancos de esta clínica.... Pintura esterilizada en una sala con aire acondicionado. Nada de sospechoso. Se estaba al abrigo de los microbios y las pasiones. Gómez se acercó a un cuadro y lo examinó durante mucho tiempo. ritchie observaba el rostro de su amigo y sonreía por adelantado.
-No me dice nada- declaró Gómez.
Ritchie se puso serio, pero se mostró muy comprensivo.
-Desde luego-dijo con tacto-. No pueden volver las cosas enseguida. Tienes que ponerte de nuevo al tanto.
-¿Al tanto?- repitió Gómez con irritación-. No al tanto de esto.
Ritchie se volvió hacia el cuadro. Sobre un fondo gris, había una vertical negra cruzada por dos trazos horizontales; al extremo izquierdo del trazo superior, soportaba un disco azul.
-Yo creía que Mondrian te gustaba.
-También yo lo creía-dijo Gómez.
Se detuvieron delante de otro cuadro; Gómez lo contempló y trató de acrodarse.
-¿Es verdaderamente necesario que escribas sobre esto?- preguntó Ritchie con inquietud.
- Necesario, no. Pero Ramón quiere que le dedique mi primer artículo. Creo que piensa que eso da dignidad a las cosas.
-Ten prudencia- observó Ritchie-. No comiences con una crítica violenta.
-¿Por qué no?-preguntó Gómez, muy crispado.
Ritchie sonrió con ironía bonachona.
-Se ve que no conoces al público norteamericano. Ante todo, quiere que no lo asusten. Procura hacerte primeramente un nombre; di cosas sencillas y de buen sentido y dilas agradablemente. Y si quieres atacar a alguien, elige a otro, no a Mondrian. Es nuestro Dios.
-¡Diablos!-exclamó Gómez-. El hombre no plantea ningún problema.
Ritchie meneó la cabeza e hizo chasquear su lengua varias veces en señal de desaprobación.
-Plantea muchos problemas-dijo.
-Pero no problemas que fastidien.
-¡Ah!-dijo Ritchie-. ¿te refieres a problemas sobre el sexo, el sentido de la vida o el pauperismo? Ya sé que has estudiado en Alemania. La gründlichkeit, ¿verdad?- añadió, dando una palmada a su amigo en la espalda-. ¿no crees que eso está un poco pasado de moda?
Gómez no contestó.
-Mi opinión- continuó Ritchie- es que el arte no está hecho para plantear problemas fastidiosos. Imagínate si alguien viene a preguntarme si yo he deseado a mi madre... Lo pondré en la puerta, a menos que se trate de un investigador científico. Esto supuesto, no veo por qué los pintores han de poder interrogarme públicamente sobre mis complejos. Yo soy como todo el mundo- añadió en tono conciliador-; tengo mi problema. Pero si mi problema me acosa, no voy al museo; telefoneo a psicoanalista. Cada cual con su oficio; el psicoanalista me inspira confianza porque ha comenzado por hacerse psicoanalizar. Mientras los pintores no hagan otro tanto, hablarán de todo a tontas y a locas y yo les pediré que no me pongan frente a frente conmigo mismo.
-¿Qué es lo que tú pides?- pregunto Gómez distraídamente.
Contemplaba el cuadro con encarnizamiento melancólico. Y pensaba: "Es agua clara".
-Les pido inocencia-dijo Ritchie-. Esa pintura...
-¿Qué?
-Es seráfica- continuó Ritchie con éxtasis-, nosotros, los norteamericanos, queremos pinturas para gentes felices o que tratan de serlo.
-Yo no soy feliz- dijo Gómez-, y sería un puerco si tratara de serlo cuando todos mis compañeros están en la cárcel o han sido fusilados.
Ritchie dejó oir un nuevo chasquido de lengua.
-Amigo-, comprendo muy bien tus inquietudes. El fascismo, la derrota de los Aliados. España, tu mujer, tu chiquillo...¿Qué más? pero conviene que de cuando en cuando te olvides de todo eso...
-¡Ni un segundo!-replicó Gómez-.¡Ni un segundo!
Ritchie enrojeció un poco.
-¿Qué pintabas entonces?- preguntó dolido-. ¿huelgas? ¿matanzas? ¿capitalistas de chistera? ¿soldados disparando contra el pueblo?
Gómez sonrió.
-Mira, yo nunca he tenido mucha fe en el arte revolucionario. Y ahora, no creo en él en absoluto.
-¿y entonces?-replicó Ritchie-. Estamos de acuerdo.
-Tal vez sea así. Pero yo me pregunto al mismo tiempo si no he dejado de creer en el arte a secas.
-¿Y en la revolución a secas?
Gómez no respondió y Ritchie volvió a sonreír
- Resultáis muy divertidos los intelectuales europeos. Tenéis un complejo de inferioridad respecto de la acción.


Jean-Paul Sartre. Los caminos de la libertad. 3. Con la muerte en el alma.

lunes, 18 de enero de 2010


El vino entibia sueños al jadear

Desde su boca de verdeado dulzor

Y entre los libros de la buena memoria

Se queda oyendo como un ciego frente al mar.

Mi voz le llegará

Mi boca también

Tal vez le confiare

Que eras el vestigio del futuro.

Rojas y verdes luces del amor

Prestidigitan bajo un halo de rush

Que sombra extraña te oculto de mi guiño

Que nunca oiste la hojarasca crepitar?

Pues yo te escribiré

Yo te hare llorar

Mi boca besará

Toda la ternura de tu acuario.

Mas si la luna enrojeciera en sed

O las impalas recorrieran tu estante

No volverías a truinfar en tu alma?

Yo se que harías largos viajes por llegar.

Parado estoy aquí

Esperándote
Todo se oscureció

Ya no se si el mar descansará...

Habra crecido un tallo en el nogal

La luz habra tiznado gente sin fe

Esta botella se ha vaciado tan bien

Que ni los sueños se cobijan del rumor.

Licor no vuelvas ya

Deja de reir

No es necesario más

Ya se ven los tigres en la lluvia

domingo, 19 de julio de 2009

DESPERDICIO DE PINTURA
Conor Oberst

Tengo un amigo que está hecho de dolor / Se levanta, maneja hasta el trabajo, y después vuelve a casa otra vez. / Una vez cortó una de mis pesadillas de un pedazo de papel. / Yo creí que era hermoso, y lo puse en la tapa de un disco. / Y traté de decirle que tenía un magnífico sentido del color y la composición. Pero él me dijo: "Gracias, pero tus halagos no me llegan. Tus ojos son pobres. Estás ciego. Nada bello puede salir de mí. Soy un desperdicio de aire, de espacio, de tiempo". / Conocí a una mujer, era digna y verdadera. El amor que sentía por su hombre era una de sus muchas virtudes. Hasta que un día descubrió que él le había mentido, y decidió que el resto de su vida, desde entonces, también sería una mentira. Estaba agradecida por todo lo que había sucedido, y ansiosa por lo que tenía por delante. Pero entonces lloró, ¿qué esperaban? Lloró en esa enorme casa vieja, con todos los autos que guardaba. / "Oh!", y "así es la vida", decía con frecuencia. Un día la llevaba al otro día, y estaba cada vez un poquito más cerca de la muerte, lo que estaba bien para ella. Nunca se enojaba, y para el resto de sus días decidió nunca más limpiar la mugre ni doblar sus camisas ni arreglarse. / Era libre, libre de echarse a perder. / Anoche mi hermano se emborrachó y salió con el auto. Y un policía lo paró y lo obligó a parar al costado de la ruta. Él le dijo: "Oficial, atrapó al hombre equivocado. Soy un estudiante de medicina, hijo de un banquero, usted no comprende". El policía dijo: "Nadie salió lastimado, deberías estar agradecido. Y tu descuido es algo horrible. No puedo dejarte ir. Aunque sé quién es tu padre, tus decisiones te pertenecen. Sos sólo una piedra en un camino de deudas, de pérdida, de vergüenza". / En los últimos meses estuve viviendo con una pareja. Son del tipo que compran todas las cosas de a pares, encajan perfectamente, como un rompecabezas. / Me encanta su amor, y agradezco que alguien realmente pueda disfrutar del premio que nos prometían todos esos cuentos de hadas.Pero estoy enfermo, solo, sin ningún laurel, sólo verde de envidia. / ¿Saldrá mi número alguna vez? Como si el amor fuera una lotería, o una raspadita. Raspo, y debajo sólo encuentro "lo siento", o una cereza, o "siga participando", o "juegue otra vez". / Ultimamente visito la estación de trenes. No, no los tomo. Sólo me siento y miro a la gente. Me recuerdan a autos a cuerda, por la forma en que giran y dan vueltas y pelean por sus lugares. Y quiero gritar que es una tontería, que sus vidas van por un solo carril. ¿Por qué no se dan cuenta que nada tiene sentido? Pero entonces me fallan las rodillas, mi cabeza se debilita y de repente queda claro que no son ellos, soy yo el que perdí la identidad. / Me escondo detrás de estos libros que leo, mientras mamarracheo poesía, como si el arte pudiera salvar a un desastre como yo con algún ideal que nadie tiene esperanzas de conseguir. Nunca soy real; soy un bosquejo de mí mismo. Y todo lo que tengo es barato y banal, y un desperdicio de pintura, de cinta, de tiempo. / A veces estaciono el auto cerca de la catedral, al lado de los focos que iluminan las cúpulas. El ensayo del coro está repleto de gente, y escucho el sonido que se escapa, como un eco. Cuando las voces se mezclan suenan como ángeles. Y espero que quede un lugar libre. Pero cuando elevo mi voz para alcanzarlos, el arco es demasiado alto, llega hasta el cielo. Entonces me callo la boca, olvido la canción, me ato los zapatos y me alejo caminando. Y trato de seguir moviéndome, con el corazón roto y mi Dios ausente. No tengo fe, pero todo lo que quiero es ser amado y creer en mi alma.

miércoles, 8 de julio de 2009

PINA BAUSCH


Los pasos perdidos
Por Pina Bausch


¿Hago teatro o hago danza? Una pregunta que no me planteo jamás. En todo caso la respuesta puede que esté en la definición de mi compañía: se denomina de teatro y danza. Las dos disciplinas van juntas. Yo lo que trato es de hablar de la vida, de las personas, de nosotros, de las cosas que se mueven...
Mi suerte llegó cuando la Folkwang Schule se instaló en Essen, una ciudad a unos 30 kilómetros de mi casa. En 1955 entré a estudiar ballet con Kurt Joos, su director y uno de sus fundadores. El era un nombre esencial en la danza contemporánea; yo tenía quince años. Me fui empapando de todas las disciplinas: era una escuela peculiar que combinaba ópera, teatro, música, escultura, pintura, fotografía, pantomima, artes gráficas. Ese contacto con todas las artes me abrió los ojos y ha influido poderosamente en mi creación. Hasta hoy no concibo una danza divorciada del resto de las expresiones artísticas.
Con Joos tuvimos una relación muy cercana, puedo decir que fue un poco como mi segundo padre y, durante un tiempo, hasta viví en su casa. También era su asistente, alguna vez dirigí sus ensayos, ordenaba sus agendas de trabajo. Una relación muy personal que ni siquiera recuerdo cómo se fue profundizando, pero que hizo de Kurt la influencia más fuerte en mi carrera: me marcó a fuego. Me enseñó que lo esencial es encontrar el propio camino. Yo quería –y quiero– solamente bailar.
Por eso, nunca pensé en ser coreógrafa. La danza es mi única meta. Pero, a fines de los años ‘60, sentí que me sobraba tiempo. Me faltaba algo, no sabía qué. Entonces empecé a escribir con mi cuerpo. Me salían pequeños textos envolventes, profundos, otros divertidos o esperanzados. El humor ha sido importante en mi escritura. Escribía con mis brazos, con mi vientre, con mi espalda. Así salió Fragmento en 1968 y mi rol de Ifigenia. Pero el punto de partida fue siempre la danza. Lo hice por mí: yo era quien quería bailar. De a poco, algunos compañeros quisieron integrarse a mis invenciones, me pedían pasos, movimientos.
Así, una de las experiencias más importantes de mi vida fue cuando me pidieron dirigir mi propia compañía, en 1973. Ponerme a la cabeza del Tanztheater Wuppertal Pina Bausch fueron palabras muy grandes. Hasta entonces, yo creaba en libertad y la rutina me aterraba. ¡No quería encerrarme en un teatro! Pero me insistieron tanto que acepté. A los 33 años tuve que enfrentar, por primera vez, a 26 bailarines. Me preparé mucho: anotaba todo. Nunca había escrito ballets largos, sólo trozos pequeños y éste era un tremendo desafío. Pasé el primer día temblando de miedo y de emoción. Me obligué a cerrar los ojos y a sentir. Entonces decidí que todos los comienzos partirían de mi ser como bailarina.
Desde siempre, busco una forma de expresar lo que siento, y puede suceder que esa forma no tenga ninguna relación con lo que entendemos como danza. También ocurre que alguien al ver que los movimientos son simples, piense que no es danza, pero sí lo es para mí. En mis espectáculos hay mucha danza, incluso cuando los bailarines no se mueven. Una caricia también es danza.
Observo cuanto puedo todos los ámbitos de la vida. Son ésas las únicas imágenes que permito que me influyan. Para mí, nuestra vida deber ser la gran exploración. Lo que determina mi proceso creativo son los hechos exteriores. Abrir los ojos para ver lo cotidiano de otra manera, mantener la ingenuidad de la mirada, para cuestionar lo banal, y descubrir secretos.
Yo fui una gran tímida de niña. Y vivía con mucho susto, un sentimiento que aún conservo y que, en parte, ha sido mi motor. El miedo mueve. El miedo hace crear porque tú quieres inventarte un mundo donde tus ideas y tus sueños funcionen. Desde muy chica quise ser bailarina, nací en 1940 y Alemania estaba en plena Segunda Guerra Mundial, un tiempo de sacrificio. Como hablar me daba miedo, como nunca encontraba las palabras adecuadas, sentí que el movimiento era mi propio lenguaje. ¡Por fin me podía expresar! El movimiento me abrió las puertas hacia la vida. Vivíamos muchas carencias en mi familia y en el país, pero, a los cuatro o cinco años, alguien me llevó al ballet en Solingen. Todavía recuerdo ese escenario brillante, lleno de luces: entonces supe que bailar sería mi existencia.
Me han preguntado a veces cómo es que, después de 40 o 50 años, aún no tengo todas las respuestas de la danza. Digo que no sé, que aún el proceso me intimida. Todavía me asusto como la primera vez. Nunca sé qué saldrá... todo lo que puedo prometer es que, de nuevo y siempre, voy a tratar. Siempre estoy tratando. Mi trabajo es totalmente naïve. Suena raro, pero es tal cual, algo simple que todos queremos compartir.
He vivido historias de amor increíbles. Han sido capítulos de mi existencia que han marcado mi vida personal y me han dado mucha felicidad. Pero cuando me preguntan si he sido feliz, digo que lo que he sentido casi siempre son sentimientos encontrados: felicidad mezclada con preocupaciones. Pienso que a veces esa sensación tan fantástica queda guardada bajo el cotidiano. Como escondida.


miércoles, 3 de junio de 2009

MADRE DEL MAIZ

MADRE TIERRA MIRA POR MI
MADRE TIERRA MIRA POR MI
AYUDALA A MI MAMA SARA
PA' QUE VENGA LINDO EL MAIZ
MADRE TIERRA
NO ME ABANDONES
PA' QUE CREZCA LINDO EL MAIZ


MADRE TIERRA SOL CALCHAQUI
MADRE TIERRA SOL CALCHAQUI
NO PERMITAS QUE LAS HELADAS
QUEMEN EL ALMA DE MI MAIZ
EMPUJALAS PA' LAS MONTAÑAS
MADRE TIERRA MIRA POR MI

PACHAMAMA SOL CALCHAQUI
PACHAMAMA SOL CALCHAQUI
NO PERMITAS QUE LAS HELADAS
QUEMEN EL ALMA DE MI MAIZ
EMPUJALAS PA' LAS MONTAÑAS
PACHAMAMA MIRA POR MI





letra: coco Dos Santos
musica: Eugenio Inchausti

domingo, 24 de mayo de 2009

AMAR Y DEJAR PARTIR

Letra: Pedro Aznar

Lo que algún día
tuvo comienzo
tendrá fin
somos lluvias
en un río de abril

Todo se marcha
todo nos deja
seguir
es pañuelo que se agita vivir

Cuando no estés
serás una sed
hebra de luz
en mi ser
tu ser

Cuánto camino
hicieron mis pasos
aquí
hoy soy sólo los abrazos
que di

La arena sabe
amar y dejar partir
quién pudiera tan liviano
fluir

Cuando no esté
me harás florecer
en tu recuerdo
y seré
seré