lunes, 18 de mayo de 2009

MARIO


Por Eduardo Galeano

El dolor se dice callando.
Pero me pregunto:
¿qué será de nuestra ciudad, sola de él?
¿qué será de Montevideo, mutilada de él?
Y me pregunto:
¿qué será de nosotros, sin su bondad inexplicable?

Por Juan Gelman

Es indecible el dolor de su pérdida. Fue poeta, fue novelista, fue ensayista y, sobre todas las cosas, fue un hombre bueno. Nunca se doblegó ante el Poder. Su muerte deja el vacío grande que dejan los grandes. De su obra nacerán otros poetas, como él siempre quiso, y seguirá vivo en el tiempo. El ya no sufre, descansa ya.

¡EY PAISANO!

EY PAISANO!, ¿QUE PASÓ?
LA HISTORIA NO ES FÁCIL COMO CREÍAS VOS?

ES VERDAD QUE NUESTRA TIERRA
ES MILENARIA, ANCESTRAL, CULTURAL.
PERO ES VERDAD TAMBIÉN QUE HA CALLADO COSAS
QUE NO DEBIÓ CALLAR.

¡OYE HUAUCKE! DEJA DE TIRAR VENENO POR TU LENGUA
Y PONLE PAÑOS FRÍOS A TU ENVIDIA NEGRA.
TOMA UN CONSEJO HUAUCKE LA ENVIDIA NO TE HACE CRECER
Y SI NO LO SABÍAS, HUAUCKE, NI SIQUIERA TE DEJA MOVER.

PONTE A CONSTRUIR ESE MUNDO QUE PROFESAS,
QUE NOS SOBRAN ENEMIGOS CAMINANDO POR NUESTRAS VEREDAS.

CONTRA MÍ NO HAY NADA QUE PUEDAS HACER,
TENGO DOLORES QUE ME QUEMAN
Y ME OBLIGAN A NACER DÍA A DÍA, DÍA A DÍA.

ESE ES EL DESAFÍO, TENEMOS QUE NACER.
NO TE MUERAS JAMÁS, HAS COMO VIOLETA O COMO EL CHE.

NO TENGO NADA PARA ENSEÑARTE HUAUCKE
SIGO SIENDO ESE CHANGUITO GRIS QUE ALLÁ EN SU PUEBLO SUPO SER FELIZ.
CON MI HERMANO CERCA, CON MI PADRE LEJOS,
QUE MIRABA A MI MADRE CANTAR Y LLORAR
POR LOS NÍTIDOS RINCONES DE SU SOLEDAD.

¡EY PAISANO!, ¿QUÉ PASÓ?
NO DEJES QUE TE QUITEN NI SIQUIERA TU DOLOR,
NO DEJES QUE TE COMA LA TELEVISIÓN.
QUE ALLÍ CASI TODO ES MENTIRA
Y EL HOMBRE A LA LUNA JAMÁS LLEGÓ.

SI CRUZAS AL TIRANO EN UN CONCHETO ASCENSOR,
DISFRUTA DEL ENCUENTRO Y DALE CUENTAS DEL DOLOR.

MANTÉN LA CALMA SOLO HASTA DONDE DÉ,
RECICLA LA BRONCA Y PROPÓNETE CRECER.

RECUÉRDATE LOS NIÑOS DEL AFGANISTÁN,

EL AGUA ENVENENADA DEL ANDALGALÁ,
LOS BOSQUES CENTENARIOS QUE HAN DE SEPULTAR,
LOS ASESINOS SUELTOS DE KOSTEKI Y SANTILLÁN.

LOS MUERTOS QUE EL SISTEMA LE VENDE A LA PRENSA,
LOS 30.000 HERMANOS QUE NUNCA REGRESAN.
¡EY COMPADRE! NO FINJAS LLORAR LO QUE NUNCA HAS SANGRADO.
NO SUBAS AL PEDESTAL LO QUE NUNCA HAS COMULGADO.

VUELVE A CAMINAR Y UTILIZA TUS DOLORES COMO NAFTA O GAS.
RECUERDA A TU PUEBLITO Y AL HUMILDE VIEJECITO QUE SOLÍAS SALUDAR.

¿Y QUÉ PASÓ SEÑOR DEL MAL,
LOS REYES DE ESTE HOSPICIO TE LIBRARON AL "ASAR"?
AQUÍ ESTÁ LA NUEVA GENERACIÓN
CONSTRUYENDO UN MUNDO PLENO SIN IDEALIZACIÓN.

Y QUÉ ME IMPORTA. PENSÉ QUE DE POLÍTICA NO IBA A HABLAR,
PERO AHORA QUE RECUERDO, POLÍTICA HACEMOS TODOS AL CAMINAR.
ME VOY POR AHORA.
Y NO SIN ANTES REPETIRTE QUE RECUERDES NO MORIR,
QUE TIENES MUNDOS NUEVOS POR PARIR
Y POR VIVIR.

Rally Barrionuevo

domingo, 10 de mayo de 2009

domingo, 19 de abril de 2009

EL MAESTRO



Sonó el teléfono. Escuché la orden: -Te llamo para decirte que vas a ser jurado. -¿Jurado? -Sí, sí. Jurado en un concurso. -Gracias por avisarme -alcancé a balbucear. Ella tenía doce años y era alumna de la escuela de la calle Monte Caseros: -Es un concurso de novelas. Las escribimos nosotros, los del sexto grado. -Gulp -dije. -Te esperamos mañana -mandó. Y fui. Los novelistas eran un enjambre de chiquilines que hablaban todos a la vez. El maestro Oscar, puños raídos, sueldo de fakir, los dejaba hacer. Ellos habían organizado aquel concurso de novelas, ilustradas por sus autores, y habían conseguido que un joyero del barrio donara medallitas con el nombre grabado de cada uno de los participantes. En la ceremonia de la premiación, fue prohibida la entrada de los padres y demás adultos. Los tres jurados, el maestro Oscar, una de las autoras y yo, dimos lectura al acta, que destacaba los méritos de cada uno de los trabajos. Todos fueron premiados, y cada premio recibió una ovación y una lluvia de serpentinas. Después, el maestro me dijo que lo bueno que tiene enseñar está en lo mucho que uno aprende: -Nos sentimos tan unidos, que me dan ganas de dejarlos a todos repetidores. Y una de las alumnas, que había venido a Montevideo desde un pueblo perdido en los campos, se quedó charlando conmigo. Me dijo que ella, antes, no hablaba ni una palabra, y muerta de risa me dijo que el problema era que ahora no se podía callar. Y me dijo que al maestro lo quería, lo quería muuuuuuucho, porque era él quien le había enseñado lo más importante: le había enseñado a perder el miedo de equivocarse.

Eduardo Galeano (Bocas del tiempo)